miércoles 1 de febrero de 2012

Viéndote


Que fácil hubiera sido enamorarse de ti,
Contar contigo el pasar de los días hasta mi regreso
Verte a tan lejos, extrañar tu presencia
Soñando contigo, soñando el regreso.


Tuve una visión, me empecé a preguntar por qué esperar a que te pasen ciertas cosas en la vida para poder ser completamente honesto con tus sentimientos. Pero resulta que debes salir de tu marasmo y supuesta elocuencia para darte cuenta de lo que tienes en tu vida, y no queda más que hacer un balance, saber si te arriesgas a seguir adelante, aguantas un poco más, o volteas la mirada en busca de lo que dejaste atrás.

No puedo negar que muchas de las mujeres que me gustan terminan siendo mis amigas, pero tampoco puedo negar que jamás intentaría nada que pudiera arruinar esa amistad, no diré que no las besaría, pero una cosa es compartir fluidos y otra compartir emociones y planes, sobre todo cuando ambos sabemos que nuestras visiones de la vida, por tan distintas o similares, se hacen incompatibles.

No quiero decir que no podríamos llevar una relación, pero aquí viene mi punto, ¿vale la pena transformar esa amistad?, cambiar ese sentimiento desinteresado por uno con un interés en concreto. Todos sabemos que las relaciones tienen un principio y un final, hay algunas que se alargan más que otras, pero de lo que estoy seguro es que con cualquiera de mis amigas siempre podré recordar lo bueno que la pasamos, tomaré un café o comeremos un helado. Pero estoy casi seguro de dos o tres personas que fueron mis parejas a las que jamás quisiera ver o que jamás quisieran verme.

jueves 12 de enero de 2012

Vi una foto...


A veces es tan simple escribir sobre ella, basta con recordar su sonrisa, la forma en que esos hoyuelos moldean sus mejillas. Basta recordar su cabello como le cubre la frente cuando se alborota. Su confianza me anima, sus pensamientos me desconciertan, su inteligencia me cautiva. Quisiera tenerla en mente todo el día. Aclara mis pensamientos, inflama mi inspiración y me hace sentir a gusto, contento. Que mal que no sepa todo esto.

sábado 7 de enero de 2012

Personas 2011


Como ya es tradición, a punto de terminar el año me gusta hacer un recuento de las personas o momentos más significativos que marcaron mi vida en varios sentidos.

El 2011 para mí se puede dividir en antes de Cancún y en Cancún. Iniciando el año las cosas no pintaban nada halagadoras y efectivamente los primeros meses fueron muy malos emocional y profesionalmente. Las cosas no salieron como yo quería, gente que estimaba me dio la espalda y finalmente tuve que salir de ese círculo para ir a buscar una oportunidad a Quintana Roo.

Quizás pude quedarme en mi hogar y seguir tocando puertas; quizás me habría podido esforzar más, quizás pude terminar la tesis, quizás… muchos quizás que ahora a 6 meses de distancia pierden su significado, todo ha quedado atrás en el tiempo y sepultado por muchas experiencias que en Cancún me han hecho crecer como persona.

Claro que no ha sido nada fácil, separarme de mi familia no es sencillo, aún me da nostalgia salir a pasear los fines de semana solo, preparar el desayuno para uno, lavar mi ropa, hacer el super. Dejar a los amigos tampoco es algo agradable, amigos de la prepa, universidad y el trabajo. Y mi ciudad, se dirán muchas cosas, pero hasta ahora no cambio el Valle de México por nada.

Cambios que duelen pero que te forjan como persona; cambios que buscaban un crecimiento personal y profesional; cambios que te ayudan a entender muchas cosas y te provocan dudas; cambios, transformaciones, metamorfosis, crecimiento.

Poco a poco Quintana Roo me fue cambiando, me fue ayudando a dejar muchas cosas atrás, cosas que uno no debe cargar a los 23 años, asimilar que malas experiencias las tenemos todos, que la vida a veces nos obliga  movernos, nos lleva a tomar otros caminos para llegar a donde soñamos. Bien o mal, malo o bueno; eso se podrá juzgar con el tiempo, no en un año o dos, con el tiempo.

1-Mis papás
2-Agustín y Norma
3-Naye y Uriel
4-Gonzalo y Laura
5-Rodolfo Montes
6-Enrique
7-Juan
8-@Jachii
9- ¬¬
10-Sme

jueves 24 de noviembre de 2011

Tecer Mail: Atorado


*****:

Me desperté y aquí estoy. No pude contener mis ganas de escribirte y la verdad no sé por qué. Bueno en realidad si lo sé. Que la señora Jachii dijera que soy un tipo de segunda división caló hondo. Basura. Sabes que no escribo por esas tonterías. En realidad debe ser algo más profundo que eso, me siento atorado.

Si, atorado, en un bache, detenido. Hace 3 semanas que no puedo escribir. Escribir reportajes es a lo que me refiero. No es que antes fuera fácil para mí o que los hiciera de forma rápida, pero por lo menos tenía ideas y ganas de hacerlo.

De unos días para acá mi imaginación me abandonó. Se fue, huyó. Sé que debe haber algo que me haya quitado la emoción por seguir en este lugar, que según nuestra última platica no tiene nada de malo excepto la soledad constante. Quizás me estoy evadiendo porque simplemente no logro concentrarme.

No lo sé. No la he pasado bien los últimos días. Me regañaron en el trabajo. No entregué un reportaje a tiempo y no he sacado las fotos que me han pedido. Me descontarán un día de mi quincena. Por los textos no puedo excusar nada, te he dicho que estoy seco. Por la cámara, basta decir que Enrique la perdió por descuido una vez en un taxi y yo por no quemarlo no he dicho nada. Menudo papel hago yo recibiendo los regaños por “no llevar la cámara a ningún lado”.

Nunca me ha gustado agobiarte con mis problemas, a veces pienso que puedo llegar a cansar. Digo sólo tu soportas a un niño dando lástimas porque Vero no lo quiere. O al chavo que su máximo sueño era ser el mejor auxiliar de Milenio. Creo que por eso te aprecio. Quizás no contestas todas las llamadas, pero cuando lo haces, vale la pena.

Ojalá logre poder encontrarle la emoción a esto. Me desespera tardarme mucho en los textos. Aunque raro, es el mes en que más reportajes he publicado. No lo sé, quiero hacer las cosas bien. No sé qué pasa.

En fin… reconozco que últimamente no hemos hablado mucho, supongo que tu emocionante trabajo y mi caribeño estado no se acoplan mucho en eso de las horas en el twitter. De cualquier modo, no recuerdo si hablábamos mucho antes de que viajara a Quintana Roo, eso sí, comíamos bastante yogurtland y bebíamos café de Starbucks… yougurtland… que buenos tiempos…

El punto era, que sabes que cuando me da por escribirte es porque ya probé todo: limpias, oraciones, drogas, alcohol, charlas motivacionales, pagar por sexo y todas esas cosas de las que uno no puede estar orgulloso. Así que espero que dedicarte unas cuantas líneas y saber de ti me ayuden a liberarme de este estrés post traumático que vengo cargando porque no sé de qué otra forma puedo deshacerme de él.

Espero que te esté yendo bien, sabes que cualquier cosa aquí andamos. Sé que te va bien por tus tweets, exceptuando los robos y esas cosas. Me encantan tus fotos con los gatos y¿ te dije que me gustó mucho tu corte de cabello allá por octubre? I love it.

Atte: Yo ¿quién más?

PD: en 20 minutos salieron 2 mil 600 Caracteres (debería ser así siempre ¿no?)

lunes 14 de noviembre de 2011

Escucharte de nuevo


A fuerza de no parecer patético, soñador o romántico, la realidad fue que no pensaba volverte a oír, ya no digamos jamás, sino en mucho, mucho tiempo. No seis meses, ni un año, mucho tiempo.

Pero como siempre me he encargado de sabotear mis planes de paz y tranquilidad, me demoré un poco, pero te llamé. Pensé, como pienso cuando estoy sobrio, que sería una llamada de amigos, que no me molestaría ni molestaría a nadie. Claro, eran las 4 de la mañana, pero no era el alcohol el que me movía a marcar por teléfono, sino la canción que en ese momento sonaba. 

Después de eso las ganas de volverte a escuchar se volvieron más fuertes, y fue así que, gracias a Skype tuvimos una conversación por demás magnifica, conmigo bebiendo tequila, acostado en mi cama, contándote todo lo que me había pasado en 5 meses, tu escuchando, riendo, como en aquellos tiempos, donde platicando se nos iba el tiempo.

Las cosas iban magníficas, hasta que prometimos volver a vernos. Es difícil, creo, a pesar de que todos los días me repito que las cosas no son iguales, que nada va regresar, la esperanza no muere, o quizás sí, pero ni eso se atreve uno a reconocer. Mencionaste a tu novio, y mi soledad sólo me empujo a decirte “se feliz”.

Colgamos con la promesa de marcarnos otra vez. Sabes que lo haré, pero no sé si contestarás. No me interesa, he marcado cada año. Quizás un día me canse, te canses o te cases. Qué más da, la llamada fue buena, las risas, los recuerdos, las sonrisas que nos provocamos y que no pudimos ver. Porque eso sí, una cosa es escucharnos y otra vernos, y volver a verte, para eso falta mucho tiempo.

No seis meses, ni un año, mucho tiempo.

jueves 20 de octubre de 2011

¿Por qué no?


Sí, debió ser eso, quizás sólo fui a enamorarme, pero esta vez de una chica totalmente distinta. Siempre ha tenido esa confianza en si misma que me provoca tanta atracción, aunque esta vez iba acompañada de metas y sueños, esos horizontes a los cuales siempre anhelamos llegar para darle sentido a la vida.

Cabe aclarar que como otras veces estuve tan lejos de un beso como de mis ganas de decirle lo que siento. Ambos deseos son tan superficiales y sin sentido, entiendo que ninguno de los dos tiene algún final real que no involucre un futuro que no será.

Aunque el beso… el beso bien podría calmar algunas cuestiones, podría darle sentido a estas ansias de hablar con ella, de saber de ella, de soñar con ella. ¿Sabrá lo que significa un beso de sus labios para mí?, quizás lo imagina y por eso mismo no me lo da. O simplemente no me encuentra lo suficientemente atractivo como para regalarme una caricia en forma de beso.

Lo único que sé es que me volví a enamorar y no le encuentro nada de malo. Tal vez no tenga ninguna utilidad, ni un sentido práctico, no me reditué pasiones o alimente mis ilusiones, es mas, hasta me pregunto si querer y desear a alguien hayan servido para algo alguna vez.

No sé siquiera si ella está consciente de lo que provoca en mi, no sólo cariño, sino aprecio y admiración. O quizás lo sepa y no quiera involucrarse con alguien que sólo le ofrece cosas que, siendo sincero, no necesita o no quiere. La verdad, no me puedo mortificar pensando si ella sabe o no.

Lo que sí sé es la facilidad con que puedo hilar las palabras cuando hablo de ella, cuando echo a volar la imaginación y creo que, a ratos, por momentos, en un parpadeo, una canción o una simple conversación, ella  puede sentir el mismo aprecio por mi; y si tengo suerte, por un segundo puede preguntarse, ¿Por qué no?.

miércoles 14 de septiembre de 2011

Después


Cerca de cumplir 90 días viviendo en Cancún las cosas sólo han ido mejorando, casi al mismo tiempo que mi estabilidad emocional y a la par de la aceptación de mi soledad. Y es en este último punto  al que me quiero referir el día de hoy, a propósito de haber terminado de leer “Sputnik, mi amor” de Haruki Murakami.

Como saben cualquiera puede darle la interpretación que sea a un texto y en mi caso, esté lejos o no de casa, me da por inclinarme hacia las citas de soledad, depresión y amor. En este caso al final del libro Murakami resume muchos sentimientos y emociones que engloban, por triste que suene, lo que siento muchas veces.

Y es que los protagonistas del libro traspasan esa realidad a la que nos sometemos todos los días y entienden, qué más allá de sus deseos mortales, no hay nada. Se ven enfrentados a un vacio luego de que todo por lo que se debe y puede vivir les ha sido arrebatado. Han llegado a un punto en que permanecer vivo es más una obligación que una dicha. Y concuerdo, llega un día en que tu vida sigue en curso sólo porque no sabes cómo detenerla, o quizás sí lo sabes pero prefieres el tortuoso camino, esperando algo que quizás nunca llegue, la esperanza, dicen algunos, muere al último.

El personaje principal acepta que hay un rompimiento con su “antiguo yo” después de perder a su mejor amiga y sabe que lo que tenía en ese mundo, tan especial, sincero y honesto no lo podrá vivir con alguien más, nunca. Esta aseveración tan parca y puntual puede parecer irrisoria, pero creo que hay momentos en nuestra vida que nos marcan y desde ese momento dejamos de ser lo que alguna vez fuimos. Una decepción amorosa, el enfrentamiento a la muerte, la injustica y miles de experiencias más que pueden dar al traste con lo que creíamos y confiábamos. Hay un antes y un después. Yo estoy en el después.

Me tumbé sobre una roca plana y, mientras el viento soplaba sobre mí, contemplé los blancos templos que se dibujaban de forma vaga en la azulada penumbra. Una escena bellísima, de ensueño.

Pero yo sólo sentía una soledad profunda, indescripti­ble. Sin darme cuenta, el mundo que me rodeaba había per­dido definitivamente sus colores. Desde aquella cima mísera de ruinas vacías de sentimientos pude vislumbrar mi propia vida extendiéndose hasta un futuro remoto. Se asemejaba a las desoladas escenas de planetas deshabitados que apare­cían en las ilustraciones de las novelas de ciencia ficción que leía de pequeño. No había ninguna señal de vida. Los días eran todos terriblemente largos, la temperatura de la atmósfera era o tórrida o gélida. El vehículo que me había llevado hasta allí había desaparecido sin que yo me diera cuenta. No podía ir a ninguna otra parte. Lo único que po­día hacer era ir sobreviviendo en aquel lugar valiéndome de mis propias fuerzas...

...Al perder a Sumire, muchas cosas murieron en mi inte­rior. De la misma forma que desaparecen muchas cosas de la playa cuando se retira la marea. Lo único que me ha que­dado es un mundo deforme y vacío. Un mundo frío y te­nebroso. Las cosas que surgieron entre Sumire y yo jamás podrán renacer en ese nuevo mundo. Soy consciente de ello.


En la vida de las personas hay una cosa especial que sólo puede tenerse en una época especial. Es como una pe­queña llama. Las personas precavidas y con suerte la preservan con todo cuidado, la hacen crecer, la llevan como una antorcha que ilumine sus vidas. Pero, una vez se pierde, esa llama no puede volver a recuperarse jamás. Yo no sólo he perdido a Sumire. Junto con ella también he perdido esa preciada llama.